

Líderes indígenas recibieron en el Aeropuerto Internacional Pierre Elliott Trudeau de Montreal un cargamento histórico procedente del Vaticano. Las cajas transportaron más de 60 artefactos culturales que comunidades de las Primeras Naciones, inuit y métis perdieron hace más de un siglo y que permanecieron desde entonces en museos y bóvedas de la Santa Sede.
Entre los objetos destaca un raro kayak inuit elaborado con piel de foca, considerado una pieza de alto valor cultural. El arribo de los artefactos marcó el cierre de una campaña de tres años impulsada por representantes indígenas, con el respaldo del papa Francisco antes de su fallecimiento, tras la disculpa que ofreció por los abusos cometidos en internados operados por la Iglesia en Canadá.
La repatriación se inscribe en un contexto internacional donde museos y colecciones devuelven objetos obtenidos durante la época colonial o adquiridos de forma cuestionable. La jefa nacional de las Primeras Naciones, Cindy Woodhouse Nepinak, calificó el regreso como un momento profundamente emotivo para comunidades de todo el país, aunque subrayó que el proceso de reconciliación aún continúa.
Las autoridades no publicaron un inventario completo de los bienes repatriados, que representan solo una fracción de los miles de objetos indígenas que conserva el Vaticano. Sin embargo, se confirmó que el conjunto incluye 62 piezas, entre ellas el kayak inuvialuit del Ártico occidental, que descendió del avión en su propio contenedor.
Los objetos viajaron originalmente a Roma para formar parte de la Exposición de Misiones del Vaticano de 1925, una muestra que promovía la expansión de la Iglesia a nivel global. Durante décadas, el Vaticano sostuvo que el papa Pío XI recibió los artefactos como obsequios, una versión que comunidades indígenas canadienses han cuestionado.
El mes pasado, la Santa Sede y la Conferencia Canadiense de Obispos Católicos anunciaron que el papa León autorizó la devolución de los objetos y su documentación a las comunidades indígenas, al describir la decisión como la culminación del camino iniciado por su antecesor.
Ahora, especialistas del Museo Canadiense de Historia en Gatineau, Quebec, examinarán los artefactos antes de que los líderes indígenas determinen su destino final. Natan Obed, presidente de Inuit Tapiriit Kanatami, explicó que el análisis permitirá identificar el origen preciso de cada objeto y compartir ese conocimiento con las comunidades inuit y con la sociedad canadiense.
Para muchos pueblos indígenas, los artefactos representan ancestros culturales con vida y sensibilidad propias. Con su regreso, las comunidades buscan reintegrarlos a sus prácticas, fortalecer la continuidad cultural y contribuir a la revitalización de tradiciones que sobrevivieron a décadas de despojo.
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